El 2 de abril de 2026, una tormenta de polvo sahariano cubrió Creta, tiñendo el cielo de un rojo intenso y causando al menos una muerte vinculada a las condiciones severas. La tormenta redujo drásticamente la visibilidad, empeoró la calidad del aire y alteró la vida diaria y los desplazamientos en la isla griega y en partes del Mediterráneo oriental. El fenómeno encaja en un patrón estacional recurrente de polvo sahariano que se desplaza desde el norte de África hacia el sur de Europa, aunque esta vez con efectos visuales y sanitarios inusualmente intensos.
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