Una escuela en Canberra ha reemplazado su programa de mandarín por Auslan, la lengua de señas australiana. Este cambio afecta las opciones de aprendizaje de idiomas de los estudiantes y fomenta la inclusión de la comunidad sorda y con dificultades auditivas. La transformación refleja las prioridades educativas que evolucionan en la región.
Datos observables compartidos por todas las narrativas